Deseos de una romántica empedernida

Querida yo del futuro:

Quiero un amor imperfecto. Quiero un amor que me haga suspirar mientras hago mis ejercicios de contabilidad; y no porque los estados financieros no hayan cuadrado, sino porque estoy despistada recordando alguna conversación. Quiero enamorarme, por primera vez. Y enamorarme de verdad… sin ataduras ni inhibiciones. De igual manera, quiero que me enamoren. Que se interesen por mí, que me hagan sentir especial. Un simple: “Buenos días, espero que estés bien” o quizás, mejor, un “Creo que necesito una taza de café, ¿me acompañas?”. Tener largas conversaciones de cualquier tontería, y también conversaciones cortas y profundas. ¡Que me sorprendan! ¡Que yo también lo logre sorprender! Escribirle notitas y escondérselas para que las encuentre en el momento menos esperado. Caminar por el paseo de la princesa a las tres de la tarde. Que mientras miramos el atardecer me diga: “Mis manos se sienten vacías” y tome las mías.  

¡Que me rete! Que me haga enojar porque me dijo alguna verdad que no quería escuchar. Que tenga la paciencia de esperar por mi asegurada disculpa tardía. ¡Quiero un amor que me haga sentir viva! Reír a carcajadas de cualquier chiste flojo; que se ría de mis argumentos absurdos sobre el descubrimiento de la piña. Que sepa decirme: ¡No! (las mínimas veces posibles jajaja), pero siempre esté dispuesto a apoyarme. Que respete mis silencios, al igual que los momentos en los cuales prefiero estar a solas. Que entienda mi sarcasmo y mi humor negro. Que se sienta orgulloso de amarme y no tenga miedo de presentarme a sus amistades.

Que podamos leer el mismo libro y podamos hablar sobre ello. Que podamos leer la Biblia y tener largas conversaciones sobre ella. Que nos interesemos en nuestra vida espiritual, que nos preocupemos y nos ocupemos de ella. Que podamos ver un juego de béisbol (preferiblemente de los Piratas). También, que (aunque la hayamos visto 1,500 veces) se siente a ver conmigo “Pitch Perfect”. Y que a raíz de eso, lleguemos a un acuerdo de que tengo que ver su película favorita también (sin quejarme). Que a pesar de los años que me pueda llevar (o viceversa) no nos subestimemos. Al contrario, que nos estimemos mucho, pero sin ponernos en un pedestal. Que acoupleme más a Dios de lo que me ame a mí. Que tenga metas, sueños y trabaje para lograrlos.

Quiero que todos los días decida estar conmigo y que todos los días yo decida estar con él. “Me gustas… mucho”, yo le diría, y él me contestaría “Ya lo sabía”. Que me moleste porque sabe que, aunque me haga la enojada, me gusta que lo haga. Que me enseñe que las relaciones se forman en el día a día. Que sepa que yo también tengo mucho que aportar. Que me haga sentir que soy la única en su vida porque, definitivamente, él es el único en la mía. En fin, quiero un amor que me enseñe a amar.

 

 

Un beso cibernético,

 

Jolly Ann

Recordatorio: Nunca te conformes con menos, no importando quién. 

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