Entonces… ¡decidí ser yo!

So, conociste al futuro padre de tus hijos… el hombre perfecto. Es guapo, trabajador, tiene una tremenda personalidad, está enfocado, y es un hombre de Dios. ¿Me falta algo? Ah, sí. ¡Claro!… y tiene barba (jajaja). Sí, definitivamente el hombre de tu vida. Pensaste en alguien, ¿verdad? Obviamente, como es el amor de tu vida, no sabes cómo actuar en su presencia. Quizás cuando te habla no puedes formar un pensamiento coherente, y mucho menos articular bien una palabra. Piensas más rápido de lo que puedes hablar, te pones nerviosa, y comienzas a decir sandeces. En fin, te vuelves un ocho cuando lo ves y no sabes qué hacer ni qué decir. De más está decir que esa historia me está parecida. Sí, la he vivido, y como la he vivido, sé que muchas veces nos transformamos en otra persona cuando estamos con alguien que nos atrae mucho. Y eso… eso puede llegar a ser problemático.locos

El problema radica en que nuestro afán por agradar al muchacho es tanto que dejamos de ser quienes somos para convertirnos en lo que pensamos que él quiere que seamos. En realidad, querer agradar a la persona que nos gusta no es malo… ¡todo lo contrario! No obstante, hay una línea fina entre querer agradar y convertirnos en un “álter ego”. Nos convertimos en esa chica que se ríe de todos sus chistes, hablamos más duro de lo normal, nos gusta la NBA (porque todas sabemos que a todo hombre le gusta el baloncesto) y somos expertas en carros. Sin contar, que hacemos un “show” por todo y ponemos a este pobre galán en situaciones difíciles.  Esto para mencionar algunos comportamientos extraños que salen a relucir. ¿Por qué recurrimos a esto? En realidad no tengo la menor idea. Lo que sí sé es que nos hemos acostumbrado a hacer que las cosas pasen, que tenemos que hacer algo para que ellos se fijen en nosotras. Porque por alguna razón, se nos ha metido en nuestro hermoso cerebro que no somos suficientes, que nuestra personalidad jamás llamará la atención de ese muchacho. Por eso, tenemos que llamar la atención y ser lo que no somos.

¡MENTIRAS! Amiga que me lees, no tienes que ser otra persona para agradarle a ese muchacho. Si estás buscando una señal de Dios para saber lo que tienes que hacer para gustarle a ese muchacho, esta es. Sé real, sé auténtica. ¡Eres suficiente! “Jolly Ann, tu no me conoces, ¿cómo sabes que soy suficiente?” Tienes toda la razón de este mundo, no te conozco, pero estoy completamente segura de que eres suficiente. ¿Por qué? Esto es “easy como se corre bici”… eres suficiente porque fuiste motivo para que Dios enviara a su hijo a morir por ti, porque así como eres, Dios quiere hacerte un mega regalo: la salvación . Así que por eso sé que eres especial. Porque Dios te creó y ve el potencial que tienes. Ahora bien, siempre tenemos espacio para mejorar. ¿Qué tenemos que hacer para ser la mejor versión de nosotras mismas, y así volvernos más irresistibles (porque ya lo somos jajaja)?

“Los encantos son una mentira, la belleza no es más que ilusión, pero la mujer que honra al Señor es digna de alabanza”

Proverbios 31:30  

Interesante, “la mujer que honra al Señor es digna de alabanza”. Me encanta porque cuando hablamos de honrar lo que se nos está diciendo es que debemos obedecer a Dios. Creo que la clave está en hacer todo lo posible por agradar a Dios primero y luego a ese muchacho que tanto nos gusta. Nuestro objetivo siempre debe ser ese y no necesariamente para que nos halaguen, sino porque estamos agradecidos de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. En demasiadas ocasiones perdemos el enfoque y el orden de nuestras prioridades cambia. Por eso Dios nos recuerda que lo material es pasajero, que la belleza física es relativa. Pero lo más hermoso es que nos recuerda que la mujer que realmente agrada, la mujer hermosa, la mujer virtuosa es aquella que pone a Dios primero, le obedece y, por ende, le honra. ¿Eres tú esa mujer virtuosa?

Un beso cibernético,

Jolly Ann

PD: Exhorto que leas Proverbios 31:10-31 completo, ya que es increíblemente maravilloso. Nos habla de esas cualidades que debemos tener para ser una mujer virtuosa (trabajadora, dedicada, amorosa, alegre, entre muchas más).

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