Expectativas: Montaña Rusa de Emociones

Un día estaba en la clase de ciencias sociales y la profesora nos preguntó: “En fin, ¿Qué es lo que busca el ser humano en ésta vida?”. Unos contestaron: “el amor” y otros contestaron: “cumplir con los mandamientos que el Señor nos dio para poder entrar al reino de los cielos”. Mientras que, en mi pensar, ambas son muy importantes, la respuesta que más me llamó la atención fue: “la felicidad”. ¿Por qué? Sencillo, todas las contestaciones que podamos tener van a estar relacionadas con la felicidad. Es decir, la felicidad se compone de diferentes factores. Por ejemplo, una forma de conseguir la felicidad puede ser por el amor. Específicamente en esos primeros meses que parece que caminamos en las nubes y hablamos con los ángeles.  Sin embargo, pienso que para ser felices necesitamos algo más que el amor. En mi caso, además de conseguir que esa persona que me mueve el tapete me corresponda, me gustaría sentir que he logrado mis metas. Entonces, si hablamos de amor, metas y felicidad, tenemos que hablar de las expectativas.

La Real Academia Española define la palabra “expectativa” como la esperanza de realizar o conseguir algo. También, la define como la posibilidad razonable de que algo suceda. Lo que me hace llegar a la conclusión de que podemos tener altas o bajas expectativas. En otras palabras, que esa posibilidad RAZONABLE de que algo suceda sea alta o baja. Quiero enfatizar que es una posibilidad razonable de que pase algún evento. ¿Qué quiere decir esto? Primero, la posibilidad tiene que ser sensata, prudente, racional y todos los sinónimos de la palabra razonable que quieras añadir. ¡TIENE QUE HACER SENTIDO, TENER LOGICA! Segundo, el evento a suceder tiene que ser real. ¿Cómo llegué a todo este “revolú” de las expectativas? Pues, agradézcanle a un amigo tuitero llamado Carlos Eduardo Cruz. En una mini-entrevista que le hice él me dijo algo similar a: “Ustedes, las mujeres, tienen expectativas muy altas. En mi pensar, se deben tener bajas expectativas. Cuando uno espera menos de las situaciones somos más felices porque te vas a sorprender más”. Les confieso que eso me chocó porque no pensaba de esa manera. Yo pensaba que era importante uno exigirse y esperar lo mejor. Por ejemplo, uno tiene unos…eh… requisitos (por así decirlo) que el muchacho que nos gusta tiene que cumplir. Si no los cumple, no es el hombre ideal para uno. Sin duda alguna, Carlos tenía razón. Cuando hice mi introspección, me di cuenta que exigía demasiado y en muchas ocasiones la que terminaba disgustada con la situación era yo.

A esto quería llegar, a las “expectativas” en el amor (Sí, porque estoy obsesionada con el amor jajaja). Luego, hablando con Erika Gúzman, mi eterna amiga y modelo a seguir, ella me dijo: “Yo no creo que sean altas o bajas expectativas. Yo creo que el problema es que nos hacemos ilusiones. Cuando conocemos a una persona hay unos espacios en blanco. Tratamos de llenar esos “blancos” con las cualidades que nosotros queremos que la persona tenga”. Es decir, a estos blancos le adjudicamos estas cualidades/requisitos que nosotros tenemos para “la persona ideal”. Creo que esto no solo nos pasa al buscar una pareja, sino en todo en la vida. Cuando establecemos ciertas metas en nuestras vidas nos queda un largo camino por recorrer (el cual, en la mayoría del tiempo, es incierto). Muchas veces, vivimos en el futuro y tratamos de llenar esas cosas que no sabemos con lo que queremos que pase. Por eso es que tenemos que saber diferenciar si tenemos altas expectativas o ilusiones. Ya que la diferencia está en que la expectativa es una posibilidad real de que suceda algo, mientras que la ilusión no tiene chispa alguna de la realidad.

Expectativas-Montaña Rusa de EmocionesAl igual que el amor, la felicidad es difícil de definir y es un tanto relativa. Todos tenemos una percepción distinta de lo que es la felicidad, ya que no somos iguales y tenemos gustos distintos. El mensaje que quiero llevar en este escrito es que tal vez nos exigimos demasiado y esto afecta nuestra felicidad. No todos tenemos ese problema, pero es importante que sepan que no somos perfectos (aunque es completamente aceptable tratar de serlo). Inclusive, lo más preocupante es que nos exigimos demasiado y esperamos lo mismo de los demás. ¡NO! No es justo con nosotros ni con los demás. Debemos aceptar el hecho de que somos diferentes y que no podemos controlar a los demás. Quizá, de esa manera podemos estar más cerquita de la felicidad.

Un beso cibernético,

Jolly Ann

PD: Muchas gracias a Carlos y a Erika por ayudarme con este tema. Me encanta que mis lectores se sientan en la confianza de decirme que quieren aportar su pensar en mi blog. ¡Ustedes son los mejores!

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